jueves, 24 de julio de 2008

9: ¿Quién Gobierna al Mundo?

Si formulamos esta pregunta a cualquier creyente, la gran mayoría responderá de inmediato sin la menor duda con una sola palabra: Dios. En esto no tendrán duda alguna. Esta parece ser la respuesta evidentemente lógica para todo aquél que cree en un Dios omnipotente. Pero esta respuesta pasa por alto una cosa: un Dios omnipotente que está gobernando al mundo controlando todos y cada uno de los actos de las principales criaturas de su creación es un Dios que no está permitiendo al hombre ejercer su libre albedrío, es un Dios que no le concede a sus criaturas la posibilidad de crecer y aprender por cuenta propia de los errores (y vaya que en muchas ocasiones el hombre puede aprender mucho más de sus yerros que de sus aciertos). Y mucho más importante, sería un Dios que no le permite al hombre llegar a él por el camino de la fé.

En el capítulo cuatro del Evangelio según San Lucas tenemos la descripción de la batalla entre Jesús y Satanás en la cual este último intentó tentar al Hijo de Dios como lo hizo desde un principio con los primeros padres en el jardín del Edén:

1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,

2 durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.

3 Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.”

4 Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre.”

5 Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;

6 y le dijo el diablo: "Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.

7 Si, pues, me adoras, toda será tuya."

8 Jesús le respondió: “Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.”

9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;

10 porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.

11 Y En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.”

12 Jesús le respondió: “Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.”

13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

Este pasaje bíblico nos dice que Satanás tentó a Jesús ofreciéndole todos los reinos de la tierra. Si Satanás no hubiera sido en realidad el gobernante de estos reinos actuando a través de los hombres por la vía de la persuasión, la oferta hecha por Satanás no habría sido una verdadera tentación. No, en lo absoluto. Observamos en el pasaje que Jesús no negó que todos aquellos gobiernos humanos pertenecieran a Satanás, lo que hubiera hecho si Satanás no hubiera tenido autoridad sobre ellos. Por consiguiente, ¡Satanás es el verdadero gobernante invisible del mundo, de acuerdo con las Escrituras!.

El pasaje citado nos revela otra cosa importante: Satanás siempre ataca por el flanco más débil, y espera pacientemente el momento oportuno. A Jesús no lo tentó Satanás al principio de los cuarenta días en que se sometió al ayuno, cuando estaba más fuerte, sino hasta el final de esos cuarenta días, cuando sintió hambre. Y al ser derrotado Satanás por Jesús, Satanás se aleja de él hasta un tiempo oportuno. Esto posiblemente vuelve a ocurrir al irse acercando el momento de la entrega de Jesús a sus verdugos, evento del cual Jesús tenía pleno conocimiento previo, y ciertamente en el Jardín de Getsemaní en la noche en la que Jesús es entregado por Judas. Esto lo podemos intuír por lo que aparece escrito en el capítulo 16 del Evangelio según San Mateo:

21 Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

22 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”.

23 Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

En este pasaje, al revelarle Jesús a sus discípulos la proximidad de su suplicio y su condena a muerte así como su resurrección al tercer día, Pedro trata de hacer desistir al Maestro de ir a Jerusalén, con lo cual nada de lo que les dice Jesús por revelación divina puede ocurrir en la manera en que les estaba siendo revelado por Jesús a sus discípulos. En efecto, se trata de truncar un evento que ha sido profetizado, se trata de utilizar el conocimiento previo de las cosas que habrán de suceder para que ya no sucedan. Si Jesús hace caso de lo que le dice Pedro, entonces Jesús no entra a Jerusalén, la entrega de Jesús a los romanos en dicha ciudad no se lleva a cabo, no hay la última cena que hoy es el centro de la misa de los cultos católicos, y mucho de lo que estaba profetizado inclusive en el Antiguo Testamento queda sin ser cumplido. La propuesta es tentadora, porque de ceder Jesús a lo que le pide Pedro, no hay crucifixión, no hay mofa de la plebe en contra del Maestro porque jamás se lleva a cabo juicio alguno en contra de Jesús en Jerusalén, Jesús no es azotado en una plaza pública, y todo lo que estaba previsto que iba a suceder queda sin efecto. Y la propuesta no sólo es tentadora; es enormemente tentadora, porque así Jesús no tiene por qué padecer el martirio que culmina con su crucifixión y su prolongada agonía. Pero Jesús sabe que si cede a la propuesta que le hace Pedro, entonces mucho -si no todo- de aquello por lo cual vino al mundo se viene abajo. Y si cede, le entrega a Satanás en bandeja de plata otra resonante victoria mayor incluso que la que obtuvo con la caída del hombre. La propuesta de Pedro es, en efecto, una tentación. Si ponemos atención cuidadosa en lo que dice el pasaje bíblico citado, vemos que Jesús al responderle a Pedro no lo reprocha a él directamente por su nombre, sino que reprocha directamente Satanás, con las palabras: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás!”. El conflicto no es entre Jesús y su discípulo Pedro, el conflicto es, de nueva cuenta, directamente entre Jesús y Satanás. Pedro, sin darse cuenta, está actuando como un vehículo manipulado por Satanás para tentar nuevamente a Jesús. Pedro es un intermediario que no tiene la más remota idea de aquello a lo que se está prestando como tampoco tiene la más remota idea de las funestas consecuencias a largo plazo de la tentación que le está presentando al Maestro. Pedro cree que está actuando por cuenta propia cuando, en realidad, está actuando como un instrumento en manos de un enemigo invisible y astuto que lo está usando con intenciones esencialmente malas. Este pasaje bíblico es importante porque sugiere que en muchas ocasiones hay intenciones aparentemente buenas cuya finalidad sin embargo es algo que va en contra del plan de la Creación. Este pasaje resume la dura lucha de la humanidad a lo largo de su historia en contra de ese enemigo invisible y astuto que siempre ataca por el flanco más débil y lo hace muchas veces ocultándose detrás de las intenciones aparentemente buenas de otros. Jesús, conociendo la verdadera naturaleza de su enemigo, rechaza la propuesta que le presenta Pedro dirigiéndose a Satanás directamente por su nombre, propinándole a Satanás nuevamente otra contundente derrota.

Aunque las Escrituras no mencionan una nueva aparición de Satanás para tentar a Jesús enfrentándolo cara a cara después haberlo tentado en el desierto, puesto que en la última cena Jesús por su naturaleza divina sabe de antemano lo que iba a suceder, la tentación para huír y salvarse de ese destino terrible debe haber estado allí. Y si Jesús hubiera huído abandonando a sus Apóstoles dejándolos solos, desapareciendo en el anonimato, la crucifixión no habría tenido lugar. Pero los planes para la redención del hombre habrían quedado truncos. Habría sido uno de los triunfos más resonantes de Satanás. Al no ceder Jesús a esta tentación que ciertamente muchos hombres hubieran sido incapaces de resistir, el último tiempo oportuno de Satanás para volver a Jesús solo puede ser ya no para tentarlo sino para instigar a los juzgadores romanos de Jesús, a los fariseos y al Sanedrín, en venganza iracunda por haberlo rechazado, por haberlo derrotado. El siguiente grabado profano ilustra el gozo que debe haber experimentado Satanás con el sufrimiento de ver a Jesús morir en la cruz:




En otros pasajes de la Biblia se nos dá la confirmación de que Satanás es quien tiene al mundo en sus manos en estos momentos. Lo tenemos en el capítulo 12 del Evangelio según San Juan, cuando habla Jesús diciendo lo siguiente refiriéndose a Satanás como el Príncipe de este mundo:

24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.

25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.

26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!

28 Padre, glorifica tu Nombre." Vino entonces una voz del cielo: “Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.”

29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel.”

30 Jesús respondió: “No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.

31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.

32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.”

33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

En los últimos dos últimos dos versículos Jesús predice exactamente la forma en la que va a morir y cómo la forma en la cual morirá atraerá a todos los que creen en él en torno a él. Al decir en el versículo 32 “cuando sea levando de la tierra” nos está diciendo, literalmente, cuando sea elevado del suelo al ser izada la cruz en la que será clavado. Y al ser izada la cruz, esa cruz del martirio y sufrimiento de Jesús se convertirá en el símbolo más poderoso del Cristianismo, el símbolo de la redención del hombre prometida a través de los profetas del Antiguo Testamento; la cual atraerá en su derredor a los hombres de las generaciones que habrán de venir. Y tres días después de ser izada la cruz, según las Escrituras, Satanás recibe su derrota más contundente al triunfar la vida sobre la muerte, y el final resulta no ser un final después de todo, sino tan sólo un principio, la esperanza imperecedera de que la muerte puede ser vencida porque no sólo Satanás sino la muerte misma están bajo la autoridad de un orden superior del que no se pueden sustraer:




El que Satanás esté gobernando en este mundo dá una respuesta directa para una pregunta directa: ¿Por qué le suceden tantas cosas malas en este mundo a tanta gente buena? Pues precisamente porque Satanás está gobernando en este mundo. ¿Y por qué no detiene Dios la mano de Satanás, si es realmente omnipotente? El libro del Apocalipsis de San Juan nos revela que ésto es justo lo que va a ocurrir, pero aún no ha llegado el tiempo para ello. Se está librando una batalla titánica de proporciones colosales de la cual no tenemos ni siquiera una idea remota de su magnitud, y en el transcurso de esta batalla se está poniendo a prueba la fé y la fortaleza espiritual de cada persona que viene a este mundo. Los que creen ser santos o fuertes de espíritu, ahora es cuando tienen la oportunidad para probárselo a sí mismos y demostrárselo al Creador. Los que creen que pueden vencer todas las tentaciones que les pueda ofrecer Satanás ya sea directamente o a través de sus demonios ahora es cuando tienen la oportunidad de probarlo. Ahora es cuando tienen la oportunidad de demostrar que si hubiesen sido Adán o Eva jamás habrían caído. Ahora es cuando tienen la oportunidad de demostrar que son mejores que los proverbiales Adán y Eva.

Desde el púlpito, muchos sacerdotes y clérigos enseñan que el mundo entero se encuentra bajo la decepción de Satanás, incluyendo gobiernos enteros e instituciones educativas de prestigio, y que la batalla de Satanás no es una batalla física sino dentro de la mente de cada persona, trabajando adentro de los procesos mentales de cada quien para engañar al mundo entero. La creencia actual entre quienes pregonan los Evangelios es que Satanás tiene un control sobre vastos sectores del mundo y que su estrategia es múltiple (usando varios frentes) no estando limitado a atacar desde un solo ángulo. Satanás está permanentemente en guerra con Dios y sus ángeles así como sus apóstoles y evangelistas, lo cual se nos dice constantemente que nunca debe ser olvidado, y aquél que baja su guardia en contra de las acechanzas de este enemigo formidable lo hace por su propia cuenta y riesgo. Satanás va en pos de la mente, puesto que el mundo físico es meramente el lugar en donde los eventos tangibles son vistos; ataca la manera en la cual piensan las personas y por esta razón busca el acceso a esas áreas en nuestras vidas en donde se pueda introducir logrando desviar nuestros pensamientos. Por esto se nos habla acerca de aquellas personas que están muriendo alejadas de la doctrina y las enseñanzas de Jesús, sobre cómo Satanás logra en ellas sus propósitos. Les ha enceguecido sus mentes de modo tal que permanezcan incrédulos, ignorantes de lo que realmente está sucediendo. Satanás es como un lobo en acecho continuo buscando a su presa, y utilizará todos los medios a su alcance para impedir que la gente pueda instruírse en los Evangelios. No es ningún accidente que a Jesús se le mofe y ridiculice en muchos medios y que las enseñanzas bíblicas sean proscritas por completo de las escuelas públicas, mismas escuelas en las que se comercializa clandestinamente con drogas y se induce a la juventud al goce de los placeres sensuales sin medir las consecuencias.

Los predicadores de la palabra de Dios enseñan que otra estrategia utilizada por Satanás es la religión, y para contravenir a los Evangelios Satanás presenta otras alternativas falsas de la Verdad, incluyendo a otro Jesús, citando como ejemplo de ello al Islam y al Mormonismo, los cuales tienen a Jesús como parte de sus doctrinas, y también tienen a sus propios profetas. Así, el Jesús musulmán y el Jesús mormón son otro Jesús diferente del de la Biblia. Si se le pregunta a un musulmán o a un mormón si creen en Jesús, ellos dirán que también creen en Jesús, aunque el problema es que su Jesús no es el Jesús de la Biblia, sino una creación de sus propios profetas, Mahoma y Joseph Smith.

Este es, pues, el verdadero gobernante actual del mundo. Un gobernante sin trono propio, un gobernante al que nadie ve, un gobernante invisible, pero cuyas obras en este mundo hablan a raudales sobre su existencia. Pero es un gobernante que no lo será por mucho tiempo, ya que el “reloj” sigue corriendo. Y está corriendo en contra suya.